La paradoja del bienestar: ensayos breves

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Universidad Libre, seccional Cali

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El ser humano desde sus inicios como ser individual y como ser social, y con él los paradigmas que se inventó como ejercicio del hacer y del saber para garantizarse el bienestar; ha sido contradictorio en su creación y al mismo tiempo, incapaz de transformarlo, no sólo por o para su propia existencia y en armonía con las demás especies, sino que además insiste, de forma constante, en la eliminación de aquellas otras formas de vida que son las que le conceden y posibilitan a él la propia. ¡Nada más humano que esto!, antropocentrismo puro. Se trata por tanto de humanizarnos de forma diferente, o de deshumanizarnos del estilo humano actual para encontrar otras posibles formas de coexistir y de búsqueda del bienestar. Con la economía, ciencia o disciplina incapaz de dar respuesta al objeto de estudio que se propuso (estudiar la distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano). Una definición más amplia sería: la ciencia social que estudia los procesos de producción, comercialización, distribución y consumo de bienes y servicios escasos para satisfacer las necesidades limitadas de las familias, las empresas y los gobiernos; razón de la presente discusión manteniendo una deuda permanente con la humanidad y con todo aquello que le garantiza a ésta su existencia. Esto como resultado de la actual condición humana y de la cultura desarrollada, ya que son ellas las que determinan su comportamiento al igual que los paradigmas que crea producto de su estructura biológica, química, física, social; y con los cuales reproduce su ciclo destructivo de comportamiento. Su construcción cultural que a la vez lo condiciona, es el resultado del desarrollo de su inteligencia, de su lenguaje, de sus instintos, de sus hallazgos y de sus pasiones; pero también de “su gran aprecio por la estupidez” (Max Neef, 2010). Es por eso que su contexto cultural es posible de deconstruirse y creo que esa es la oportunidad que nos merecemos. ¿La búsqueda habrá de ser sobre el control de los instintos, de las pasiones, de los hallazgos científicos y del colocar la razón y la pasión al servicio de la conservación de la vida? Ello, tal vez nos dé otra posibilidad. ¿Cuáles son los dogmas y paradigmas que controlan hoy la vida?, ¿son estos los que debemos seguir reproduciendo frente a la pretensión de su conservación o podremos generar otros que sí lo propicien? La economía actual (entiéndase la propuesta por el paradigma neoclásico del siglo XIX, neoliberalismo) es una ciencia que se aleja de la posibilidad incluyente de todos los humanos y de la preservación de lo natural, entre otros por la monetización, la explotación y utilización cada vez más común de modelos que no siempre le pertenecen. Vive profundamente equivocada, es un dogma que contradice su intencionalidad teórica, que revitaliza con su propósito mediático la acumulación y la especulación sin fin. Su sustento, la teoría neoclásica, es tal vez, y de acuerdo con Lee Boldeman, lo que haya que revisar y rectificar. Boldeman dice que: “Escribiendo desde el punto de vista de la filosofía moral sugiere que la aproximación neoclásica es dogmática y fundamentalista, que está basada en simplificaciones groseras y reglas que intentan reemplazar (convirtiéndose en) lo sagrado, tales como la racionalidad de los actores económicos. En este punto es conveniente recordar que es el control de nuestra codicia lo que representa una de las victorias principales de la cultura sobre la “animalidad”. Si esto es así, es la codicia lo que también representa una de las amenazas primarias a nuestra civilización. El fundamentalismo económico es una ideología que trata de justificar la codicia, en particular promueve el egoísmo y el materialismo” (Boldeman, 2001, p 23)

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